La Tolerancia a la Frustración

Escrito por Susana Corrales el Jueves, 02 Mayo 2013 Publicado en Psicología Infanto-Juvenil Lecturas: 2875

¿Te has planteado en qué podemos contribuir, para que cuando nuestros niños se hagan adolescentes puedan sobrellevar lo mejor posible esa etapa tan complicada y “temida”, como es la ADOLESCENCIA? 

La Tolerancia a la FrustraciónPues, si no lo has hecho, ahora puede ser el momento. Lo que no sirve de nada es quedarse de brazos cruzados pensando “que miedo cuando llegue a la edad de la adolescencia. Bueno, ya veremos que hacemos entonces”,   ya que dejarlo para “entonces” no será una buena solución.   Hay que ir preparando a los niños desde pequeños para prevenir y para que en las etapas posteriores sean lo más felices posibles.

De por sí, la etapa de la adolescencia no es fácil para los jóvenes ya que se producen muchos cambios, no elegidos voluntariamente,  a nivel hormonal, fisiológico y cognitivo que les repercute directamente en cada uno de ellos. Por esto, hay que darle mucha importancia a ir preparando a nuestros hijos, para que cuando llegue esta etapa sea lo menos traumática posible.

Si nos fijamos hoy en día,  una característica muy común  de los adolescentes es que parecen enfadarse con todo continuamente. Sabemos que hay características y sensaciones por las que tienen que pasar todos los adolescentes porque dependen de la etapa de desarrollo biológico, pero hay otras características que presentan este colectivo que dependen de la educación personal que hayan recibido a lo largo de su vida, y una de ellas es la TOLERANCIA A LA FRUSTRACIÓN.

¿Como influye esta característica en el comportamiento de los adolescentes?

En general, no son capaces de aceptar un fracaso, de recibir un NO, de no conseguir sus deseos y todo esto les provoca un malestar que no saben controlar ni aceptar, lo cual, les hace estar constantemente enfadados con el mundo.

Los comportamientos propios de una persona con baja tolerancia a la frustración  se caracterizan por lo siguiente:

  • Son impulsivos porque no son capaces de soportar la espera.
  • Confunden sus deseos con necesidades y derechos.
  • Creen que tienen que obtener todo lo que quieren y por ello exigen y ordenan.
  • Creen que es necesario que la vida sea siempre fácil y cómoda.
  • Creen que cualquier dificultad, demora, fracaso, etc., es demasiado horrible para soportarla.

La baja tolerancia a la frustración suele estar presente en problemas relacionados con la dificultad en el control de los impulsos, como adicciones, juego patológico, compra compulsiva, cleptomanía, piromanía... De hecho en las investigaciones realizadas sobre la personalidad de los adictos, la baja tolerancia a la frustración ha sido siempre el rasgo más típico y consistente, porque suelen recurrir a las adicciones para sentirse tranquilos y relajar el malestar que le produce el sentimiento de frustración.

La Tolerancia a la FrustraciónEn conclusión, tenemos que partir de la premisa de que la frustración es un sentimiento que forma parte del desarrollo humano saludable, por tanto, los niños deben ir  aprendiendo desde muy pequeños que no todos los deseos pueden ser satisfechos.  Si  aceptamos y afrontamos frustraciones forjaremos una personalidad más sana, equilibrada y madura.

Debemos enseñar a nuestros hijos a ganar, pero también a perder. En la vida se pierde muchas más veces de lo que uno desea. Las frustraciones son crisis, que bien asimiladas les enseñarán a “crecer” y desarrollar recursos ante momentos complicados que se les presenten, y ya que no podremos controlar las dificultades, las tristezas y  las desgracias que les puedan surgir a nuestros adolescentes, si que podemos prepararlos para que ellos tengan las herramientas necesarias para enfrentarse  ellas.

Con lo cual,  esta tolerancia hay que empezar a trabajarla desde niños. Os propongo algunas sugerencias para trabajar el desarrollo de la tolerancia a la frustración:

Poner Límites y Normas desde corta edad:

La permisividad y la falta de límites es causa de desorientación y de inseguridad,  puesto que el niño carece de referentes para orientar su conducta. Su autocontrol será bajo y puede convertirse en una persona poco tolerante a las frustraciones, con problemas para afrontarlas y gestionar la incertidumbre y el caos.

Al poner límites a los niños les ayudamos a aprender a autorregularse.  El proceso del aprendizaje de la autorregulación y el dominio de sí mismo debe de empezar en la infancia.

Pero hay que tener en cuenta que los límites se deben orientar al comportamiento del niño, no a la expresión de sus sentimientos. Se le puede exigir que no haga algo, pero no se le puede pedir, por ejemplo, que no sienta rabia o que no llore.  Los márgenes deben fijarse sin humillar al niño para que no se sienta herido en su autoestima. Por eso, no se debe descalificar ("eres un tonto", "eres malo"...), sino marcar el problema ("eso que haces o eso que dices no está bien"). Conviene dar razones, pero no excederse en la explicación. Los sermones no sirven de mucho. Los niños responden a los hechos, no a las palabras. Un gesto de firmeza y serenidad, acompañado de pocas palabras, será más efectivo que un discurso.

Es necesaria una pequeña dosis de frustración ya que es beneficiosa para el crecimiento emocional.

Cuando los padres son demasiados sobreprotectores y no permiten que el niño aprenda a resolver sus problemas, difícilmente éste aprenderá a tolerar la frustración cuando se le presenten obstáculos que le impidan satisfacer sus deseos. No hay que preocuparse porque el niño tenga que enfrentarse a situaciones complicadas, ya que si tiene el afecto de sus padres, aunque se equivoque, tendrá la seguridad de contar con ellos y aprenderá a manejar la frustración de manera adecuada.

La Tolerancia a la FrustraciónEn la vida, nuestros hijos, se encontrarán miles de trabas a lo largo de ella. Decirles “no” cuando sea necesario, poner límites, permitirles que resuelvan los problemas por sí solos y dosificar las gratificaciones, son dosis de frustración que les permitirán aprender a tolerarla, confiar en sus capacidades y saber renunciar a los deseos de manera normal.

Algunas otras pautas para padres y madres serían:

  • Para ejercer una buena disciplinalos progenitores deben de combinar el cariño y el control.
  • El niño tiene que aprender que rebasar los límites puede traer consecuencias negativas para él. En cualquier caso, esas consecuencias deben ser proporcionadas y, a poder ser, inmediatas para que el niño lo entienda perfectamente.
  • Conviene recordar que lo que más influye en nuestros hijos no es lo que les decimos o lo que les hacemos, sino cómo "somos". Por eso, la educación representa no sólo revisar nuestras conductas con ellos, sino nuestra forma de ser como personas.
  • Se precisa un buen clima familiar.
  • Deben dedicar tiempo a los hijos. Muchas conductas de los hijos no se controlan simplemente porque su padre y su madre no están disponibles para atenderles.
  • Es normal que los niños tanteen los límites de sus padres para saber hasta dónde pueden llegar. Es en ese momento cuando más firmes deben mostrarse los padres. Si ceden, luego será muy difícil dar marcha atrás.
  • En lo posible, las reglas y los castigos deben ser pactados entre los padres y los hijos.

 

 

Acerca del Autor

Susana Corrales

Susana Corrales

 

AEPCCC

Tutora Académica del Máster de Práctica Clínica en Málaga

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