Miedo al dolor emocional

Escrito por Susana Corrales el Lunes, 31 Agosto 2015 Publicado en Práctica Clínica Lecturas: 4431

¿Cuántas personas conocemos que realmente tienen un miedo atroz a sentir dolor emocional o a sufrir emocionalmente? Seguro que, incluso muchos de los que leáis este artículo, también os podáis sentir identificados directamente.

Tenemos una gran tendencia en esta sociedad en la que vivimos a evitar el dolor emocional por miedo a sufrir. A corto plazo, en ocasiones funciona esa evitación porque parece que anulamos nuestros sentimientos, nos hace creer que realmente esa es la solución. Sin embargo, con el paso del tiempo nos encontramos que las consecuencias negativas de haber bloqueado el dolor emocional empiezan a aflorar. A veces, no sabemos identificar que el malestar emocional que tenemos o incluso que las dolencias físicas que llevamos un tiempo padeciendo, pueden ser consecuencia directa de no haber superado un momento emocional doloroso, el cual en su momento, optamos por darle la espalda en vez de mirarlo de frente. 

De lo que tenemos que ser totalmente conscientes es, de que la sobreprotección (ya sea autoinducida o generada por otras personas), que a veces aprendemos o adquirimos desde muy jóvenes para no sentir dolor emocional, es una manera de afrontar la situación que siempre traerá consecuencia negativas, antes o después .Con lo cual, aquello que realmente pensamos que es la solución, se convierte realmente en un problema.

Por ejemplo, en el caso del dolor por la pérdida de un ser amado, o el miedo y el dolor a estar enfrentando una enfermedad propia o del alguna persona cercana y querida para nosotros, si se evita la emoción y no se permite uno mismo sentirla plenamente, no podremos desligados de dicha emoción porque estaremos demasiado pendientes de nuestro miedo. O lo que es lo mismo, si las reprimimos o las negamos, entonces seguirán presentes, esperando a que les demos la posibilidad de expresarse y comunicarnos, aquello que necesitamos saber y que sólo nuestro organismo nos puede comunicar a través de ellas.

Otro ejemplo de ello es sentir dolor por la pérdida de alguien y tener muchas ganas de llorar, pero en vez de permitirte que el llanto salga, lo detenemos y no lo dejamos salir porque existe la idea de que “no es bueno llorar”, o de que sólo lloran los que son débiles y que "como soy fuerte no me lo puedo permitir", cerrando la posibilidad de que nuestro organismo exprese la tristeza de una manera natural.

Si aprendes a escuchar tus emociones (entre ellas el dolor emocional), no será necesario sufrir más de lo necesario. Simplemente, recibirás el mensaje y las dejarás marchar abriendo el espacio a otras emociones,  ya que  las emociones, como todo en la naturaleza, tienen un ciclo para nacer, crecer, expresarse y morir.Una vez sentida, estarás listo para agradecerle su enseñanza y despedirte de ella. Y no temas si más tarde vuelve a aparecer una emoción que pensabas que ya habías elaborado, recíbela de nuevo con toda tu intención de escuchar lo que te tenga que decir y, cuando haya cumplido de nuevo su función, ella sola se alejará.

Para entender todo esto, es muy importante también que sepamos discernir entre dolor y sufrimiento, de manera que diferenciemos la funcionalidad de cada uno, porque en muchas ocasiones lo utilizamos como sinónimos y ello nos lleva a no saber manejarlos correctamente.

Ambos son parte de la vida, pero en ocasiones, sufrimos innecesariamente.

El dolor emocional, es el sentimiento negativo que surge ante determinadas situaciones o problemas, generalmente relacionadas con una pérdida o con un problema que nos afecta de manera importante. Es una sola emoción y su duración es relativamente corta. Puede ser cualquier emoción que nos afecte: Tristeza por una pérdida, impotencia, frustración, etc.

El sufrimiento va un paso más allá, es la respuesta cognitivo-emocional, que tenemos ante un dolor físico o ante una situación dolorosa. Podríamos definirlo como  un conjunto de emociones y pensamientos que se entrelazan, adquiriendo mucho más intensidad y duración que el dolor emocional. De hecho, el sufrimiento puede durar indefinidamente, aunque la situación que lo provocó ya se haya solucionado o hay ocurrido hace mucho tiempo.

Por ejemplo, hablaríamos de dolor emocional, cuando nos referimos a una profunda tristeza ante la pérdida de un ser querido. Sin embargo, Se convertiría en sufrimiento, cuando dicha tristeza se convierte en una depresión que dura varios años y que generalmente involucra otros sentimientos (muchas veces inconscientes) de enojo, inseguridad, desesperanza, etc. y pensamientos como: "Es injusto", "no se lo merece",  “no me lo merezco”, “no puedo vivir después de esto” “jamás lo voy a superar”, etc.

Con lo cual, todas las personas vamos a vivir situaciones dolorosas a lo largo de nuestra vida, pero tenemos tres opciones como respuesta a ellas y serían:

  1. Vivir el dolor y dejarlo ir o trascenderlo,  si no nos generamos sufrimiento con las frases que construimos en nuestro pensamiento tal y como os he puesto antes. En lugar de decirnos esas frases, debemos aceptar que estamos sufriendo, siendo conscientes de que es normal sentir dolor por la situación vivida, y pasado un tiempo prudencial, tomar la decisión de dejar de sufrir haciendo lo necesario para lograrlo, manteniendo esa decisión el tiempo que sea necesario.
  2. Generar un gran sufrimiento, aumentándolo, normalmente por nosotros,  por la actitud ante el dolor o por el significado que le damos al mismo.
  3. Evitar el dolor, mirando hacia otro lado, no queriendo ser conscientes ni asimilando que ha ocurrido algo doloroso para nosotros y escondiendo nuestro dolor en lo más profundo de nuestro ser para no sentirlo. De esta forma, creamos bloqueos emocionales. Os expongo algunas de las conductas que se utilizan para ello, normalmente de forma inconsciente, para que podáis comprobar si os identificáis con alguna de ellas y detectar si estáis haciéndolo de forma incorrecta:
  • Te alejas de todo lo relacionado con el evento doloroso desde un primer momento.
  • Olvidas totalmente, todos los pensamientos relacionados con el evento doloroso.
  • Niegas el dolor como si no existiera, tratando de decirte s a ti mismos que no está ocurriendo nada que sea doloroso o malo en tu vida.
  • Tratas de refugiarte y trasladarte a tus recuerdos de la infancia y actúas como un niño pequeño mostrando conductas totalmente infantiles en situaciones dolorosas.
  • Te aíslas de las demás personas para que no te pregunten sobre la situación dolorosa o no te recuerden a ella.
  • Tratas de tener constantemente la mente ocupada con otros pensamientos y/o no paras de hacer actividades para no pensar en el dolor que te provoca el evento doloroso.
  • Tratas de culpar a otras personas por tu sufrimiento aunque dichas personas sean ajenas a lo que te ocurrió.
  • Tratas de buscar a un culpable para proyectar el dolor que tienes sobre esa persona.

Si realmente te has identificado con la segunda opción o con alguna de las anteriores conductas de la tercera, no estás gestionando correctamente tu dolor, por tanto, si no te está trayendo consecuencias negativas en tu vida en estos momentos, pronto podrá ser así. . Esas consecuencias se pueden traducir en problemas de salud, en dificultad para relacionarse, en frustración, falta de autoestima e incapacidad para realizarse. En general, Las emociones reprimidas contraerán tu  vitalidad y te impedirán vivir la vida plenamente.

Ten presente, que la elección de ser más feliz está en tus manos. Si no puedes o  no sabes gestionarlo sólo, busca un profesional para que te ayude a hacerlo, una vez hayas elegido optar por la primera opción de reaccionar ante el dolor emocional  que planteábamos.

Acerca del Autor

Susana Corrales

Susana Corrales

 

AEPCCC

Tutora Académica del Máster de Práctica Clínica en Málaga

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